sábado, 18 de febrero de 2012

Por fin.

Cálida. Esa era la sensación de su mano sobre el pelo de ella. Tardes de llantos que acabaron al fin. Jamás pensó que podrían acabar así. Se sentó en la butaca más cercana a la chimenea y recordó lo mucho que ella había sufrido. Le encantaba poder tener esa sensación de que todo había acabado. Entonces recordó cuando la conoció. Belleza que sus ojos en un primer momento no pudieron reconocer. Belleza que su intelecto amó. Le encantaba verla leer sola en una esquina del jardín mientras él la observaba con los ojos desorbitados. Pero ahora ya no podría hacerlo más. Se arrepintió durante un momento de lo que el mundo se perdería. Se alegró de que ya nadie más fuera a castigarla. Después de todos los recuerdos (buenos y no tan buenos) tuvo el valor de levantarse y acercarse al equipo de música donde consiguió poner el CD favorito de la chica. Cada vez que ella lo ponía, se acordaba de él. Las letras eran preciosas y la música era perfecta para un hombre con tal sensibilidad. Entonces él entonó cada nota del CD como si fuera el cantante. Los sentimientos estaban a flor de piel. ¿Pensaría que era una ofensa para su chica? Su chica, como si la hubiera comprado. Posesión 0. Era el amor de su vida. Era la razón de su existencia. Él sabía que había nacido para conocerla. A diferencia de sus amigos, él era sensible y no le importaba que se rieran de él por no separarse de la chica que siempre le acompañaba. Hasta ahora.